César Ramírez «Bruja-Princesa»

Por: Germán Laris 

Las princesas son las que actúan como tales, es decir deben su encanto a la teatralidad y a el entorno de espectadores que las admiran. En el cuadro Bruja-Princesa de César Ramírez la paradoja acude a ser saldada bajo una absurda sublimación de ciertos enaltecimientos contradictorios. 

César Ramírez
Bruja-Princesa 
Óleo sobre tela (2010)
70×90

La redención de las brujas que obedecen a las fuerzas naturales, lo intempestivo en lugar de un rostro el pintor ha puesto un hueco que representa la necesidad como emisor de un anhelo deshumanizado. 

Su piel del mismo color que la sombra de los arboles a contraluz en medio de una neblina matinal, semeja la ceniza de las ilusiones muertas, escondidas provisionalmente en un vestido de raso lleno de resplandores rosados y lilas imitando a las flores inexistentes en ese mismo paisaje adormecido. Los artificios del cielo armados por flores hexagonales, completan el ritual de una alegría inspirada por una torpe dulzura, arrojada fuera de temporal.

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