Por: Germán Laris
El unicornio azul es una falacia. Por ello Daniel Ruiz Duran lo presenta en dos versiones adornadas por una cama de capsulas para adormecer la percepción de lo real. El pintor genera umbrales entre el filtro de los pixeles y la mujer disfrazada por su tristeza.
El caballo adornado por un cuerno en la frente representaba en el medievo a la castidad. Pero el cuerno en especial era usado para perforar la cámara oscura y así propiciar que dicha herramienta fuera un ojo externo capaz de permitirnos leer lo visual desde otro punto. En este sentido Daniel Ruiz explora en sus cuadros de pixeles una superficie que ha sido seccionada y que recuerda los límites del soporte pictórico.
Atendiendo a contradecir su propia inercia eligió un lienzo circular sobre el que la inestabilidad de equilibrios es la clave. Ella parece inmersa observando una suerte de revelación compartida por los espectadores pero que es una mentira amable. La esencia desgastada o perdida puede ser cantada o vista desde un silencio cómplice.

