Por: Germán Laris
En sus series de los exiliados del imperio de la razón o la dedicada a los cadáveres. Martha Pacheco traía a la vista del arte los extremos de la experiencia de lo real. Qué grado y sentido de identidad persistía de ello. Lo humano era puesto en duda cuando los restos de lo corpóreo terminan en desecho absoluto de la memoria. La artista tuvo la paciencia para abundar en los aspectos omitidos por horror o por aversión frente a la inercia de ser asimilado socialmente. Su paseo por los márgenes recuperaba una gama de gestos que nos vuelven conscientes de una ceguera civilizada por comodidad.

El realismo practicado por Martha Pacheco estableció una toma de consciencia de la inmediatez de formas no sujetas a un modo estético reducido para representarse. El vértigo de sus fuera de foco y la textura granulada del carboncillo iban en equivalencia a el registro fotográfico sin apegarse solo a dicho recurso plástico. Los valores pictóricos que definiera como propios comenzaron en este corte hacia una tabla rasa producida por un dibujo base riguroso. Ella coincidió en este interés con una generación de artistas mexicanos que compartían tales preocupaciones sin ponerse de acuerdo. Arturo Rivera y su serie dibujos en los ochentas es simultaneo a Karla Rippley, o con José Fors. Javier Campos Cabello en una cercanía con Martha Pacheco creará costales de carne y huesos en dibujos que terminarán sobre pinturas de gran formato. La diferencia de los citados radica en que Martha Pacheco consiguió elevar el dibujo a una manifestación por sí misma y abundo más exhaustivamente.

El cuerpo humano es la obra de Dios idealizado por el arte y depositario de las aspiraciones de belleza. El arte moderno acelero la descomposición de la supuesta armonía que era en el fondo una evasión de lo real. Martha Pacheco al adquirir la certeza de las imperfecciones y cicatrices ampliaría otros impactos estéticos que emanan de seres separados de los discursos históricos oficiales. La razón planeada por medio de un bien público para progresar es un engaño que guarda sus cadáveres en la hielera.

Martha Pacheco fue visitante asidua de la morgue. Sin embargo sus inicios para dibujar muertos tomo de los registros de la nota roja los altos contrastes y texturas exageradas de sangre negra igual que el carbón. No resistió el dibujo al natural y a ello se debe su paso al color al ver directamente la piel transparente y el rigor mortis en primera persona. La artista crecería sus fuentes de exploración y los fuera de foco enfatizaron los detalles de venas y costuras efectuadas por los médicos forenses. La crudeza que Martha Pacheco atrajo a la pintura muto en colores que eran los mismos usados para expresar la belleza. En las vísceras extraídas había una semejanza inusual con los bodegones o listas de objetos inanimados que dejaban de recordar al cuerpo del que provenían.
