Por: Germán Laris
Reaprender para al fin sujetar de la mano lo que tenías que haber echo desde un principio. La magia persiste mientras el efecto espectral de la ilusión congrega a los sentidos en una sola dirección, así también los errores son un tipo de mala orientación perceptiva. De quererte engañar escondería de las ecuaciones mentales que fabriques los diminutos detalles que construyen esta realidad, y te ofrecería con naturalidad el brillo de una manzana intoxicada, como el anzuelo espontáneo de una ficción placentera. Pecar es un salto por el que la caída no va a presentirse, no al menos si el golpe definitivo te resulta aplazado de distintas formas.

La noche que humedece la planta de los pies de un observador condenado a desvanecerse en vertical, para terminar convirtiéndose en una estela de ceniza revuelta con la dulzura de los desconocidos. La amabilidad no funciona en ciertos casos, si atarse las agujetas y el nudo de la corbata son entrenamientos para adiestrar la soga de los suicidios, más de uno debe de ensayar sus pensamientos entre cigarrillos. Estás bien por ahora que nadie exije la certeza del minuto sobre el que transcurre cada uno de tus gestos.Habla de comida con la boca llena contra una imagen sagrada, la digestión malograda de ilusiones impuestas te invitan a renegar de cuanto ves reflejado en tu admiración por lo inexistente. Pero mentirte representa un trabajo de tiempo completo. Aunque profesionalizarse no te entusiasma especialmente.
El robo lento de suspiros, qué emites en honor a lo incierto del día. Te da lo mismo las cosas dulces, que las caricias sensibles de un buscador de carteras. La identidad que deseamos sea pasajera, llego para ser imitada por simpatía o morbo de un futuro juntos, el reflejo y la sombra buscando devorarse mutuamente para cumplir con un capricho. La belleza concierne su propia maldición, las palabras insuficientes son acontecimientos sobrepuestos a la tormenta, rayos y alaridos qué coinciden bajo lo simultaneo de su invocación emocional. No queremos nada de eso, de lo que pasa por las pantallas y en los charcos sucios del vecindario. De pedir la visita de alguien, sería la suya, la cual he anticipado con la semejanza de una fatalidad cumplida. Eres tan hermosa que; no alcanza la visión para retener la totalidad de tu espejismo. Hay un misterio de negar toda posibilidad de sentido, una especie de vórtice del absurdo que devora por dentro las ilusiones de significado. Eres una persona más entre otras de las que miran los pasteles y recuerdan que este no es su día, tampoco requieren que lo sea, sin embargo el sabor de la dulzura suelen confundirlo con estados de alegría. Mientras que el amor de la vida de alguien les pide la hora de manera gratuita, las filas de desconocidos comienzan a conversar entre si, acaso para matar el tiempo de espera y luego recordar que olvidaron los papeles completos para justificar su existencia. Te salva permanecer distante, lavar tus manos y secar sobre la ropa del viajero que de repente quedará dormido, mientras le contaba su vida a las señoritas que sirven café en medio de la turbulencia. Lo mejor de ti será lo que nunca cuentas, ni siquiera a los desconocidos que prometen olvidar los detalles que oxidan a tu álbum familiar. Estableces contacto visual con un paseante y su perro que come algodón de azúcar para tener un pretexto para suicidarse en cámara lenta.
La culpa de querer demasiado, y haber obtenido un saludo en el que te intercambian el nombre, ya es ganancia. Si no te sofoca la risa, o te satura el deseo por azotar a los seres que son indiferentes a los deseos internos que no sueles expresar ni de broma. Las esperanzas son un estilo de entretenimiento que los pobres de espíritu van a usar a modo de medallas, justo cuando los paseos en domingo han sucumbido ante un Dios el cual mentía, por qué las promesas al aire eran parte de sus ganancias. Y tú que imitas al prójimo que dormita sobre la promesa de una vida que sabe a eternidad mientras que el pecado es la señal de un presente absoluto, sin plumas ni relámpagos por debajo de la mesa. Entra ahora que todos fingen dormir y contamina el agua de una fuente bendita, acaso sólo por diversión. En la certeza cultivada desde cero, hay una mentira presente, radicando en la idea de tener la razón antes de que nadie haya echo una sola pregunta. Decir lo que piensas evitando saludar a los que vas a convencer con tu discurso, es de mala educación y casi anticipamos termina en bofetadas.
Hombres y mujeres llenos de ilusiones, adiestrando duendes que les roben el orden de los calcetines y los gorros invernales, los cuentos representan las ganas de mentirse y de que los otros crean que tiene algo de milagroso el que quiénes van pasando por enfrente acaben confundidos ante el torpe discurso de las fiestas que adelantan el entusiasmo y la ebriedad de bajo costo. Muchos de ellos no poseen a nadie que les crea cuando fingen estar contentos.Los dioses ajenos roban el agua de fuentes imaginarias, como toda buena invención gestada desde el ocio, alzan el juego de su importancia y de manera absurda aspiran a lo sublime por asalto. La seducción es uno de sus negocios preferidos donde ganan pretextos para condenar a los mortales y perpetuar la leyenda de sus bajezas convertidas en lecciones de una realidad alterna, del todo parasitaria.
Alguien como tú, qué imita a sus mayores y nada en los disfraces nocturnos de seda y pieles brillantes, despojadas de polvo de galletas y tazas que tiemblan conforme los esclavos recorren con el plumaje los objetos llenos de polvo. Tu desobediencia busca nuevos parámetros para estremecer las buenas costumbres y a esas señoras que no aprendieron a peinarse solas. Entonces localizas entre tus recuerdos una estrella marina que conforme la sujetabas iba cortando la palma de tu mano y ella optaba por morir, anticipando que si una de las dos continuaba; podría hacerte daño.
Ser en el momento presente, a pesar de las interrupciones de una señora que contando su detalles de su cocina, hace el intento por invadir las mentes de los que la escuchan en los sillones de un lado. La paciencia de los pasajeros la transforma en santa, podría ser la madre de cualquiera, aunque muchos la negarían por el gusto de sorprenderse durante un reencuentro involuntario. No es la única que balbucea, un vendedor de estampas mete entre las manos de los distraídos la prueba de que Dios los acompaña a cambio de una moneda.
Acude a la orilla de los paisajes, donde el pliegue de los elementos muestren a escenografía y los personajes el reverso de sus sombras sujetas con diminutos alfileres. Allá a la distancia, son infalibles los engaños, al separarse de tus inspecciones inmediatas, el entorno va recorriendo deprisa los instantes y las muecas barridas, para que cuando encuentres a un desconocido, ni él ni tú sepan que asegurar frente a lo voluble del clima.
Las flores no bastan, si las robaste para sorprenderte a ti mismo de lo que harías para ahorrarte un esfuerzo, los únicos sentimentales esconden las manos mientras intentan seguir la melodía. Es inútil avanzar para que el fracaso acelere la llegada de nuevos instantes, y en lugar de que la neutralidad reciba su espacio, lo que ocurre reafirma que casi toda iniciativa nace muerta desde que la estas pensando. El amor aburre por naturaleza y tu debilidad consiste en renovar el fracaso.
El oleaje congelado en fotografías sentimentales, no sirve para entretener a las moscas ni a la yema de los dedos que detecta fantasmas a punto de negar el momento presente. Parece una burla de tu parte, la enorme cantidad de veces en que lo sagrado acaba oculto bajo los bigotes. Los ángeles y los gatos brinca sobre el filo de la barda evitando hacerse notar, a ti que te enamoran los desfiles de sombras, ellos te dedican el sonido de insectos atrapados en nombre de la cursileria disponible.
El cielo detiene su marcha en forma de tormentas, intentando caer encima de los que actúan su miedo frente a las catástrofes. Justo para ellos fabrica la lluvia un sombrero de relámpagos y las sonrisas que tiemblan, en memoria de los dioses del agua ahora yacen dentro de un olvido programado, . Incluso su existencia sucumbe ante los torbellinos, o las uñas de un paseante involuntario que sabiéndose a si mismo efímero; acepta los fragmentos de su propia disolución.
El silencio suele bastarse a si mismo, es una medida que proviene del interior y que expande su aleteo sobre el espacio entre tú y la arboleda pintada con crayolas. Lo que te separa de lo real, esparce semillas de rumores directo de tu boca al horror prefabricado por aburrimiento. Los temblores del agua cesan cuando entras por completo a la transparencia y la piel integra el paseo de tus arterias y latidos, para ensordecerte un poco desde memoria. La plenitud de las piedras te recibe, para confiar que tu esqueleto continua pesando de idéntica forma, antes de la primer zambullida.
Vuelven a ti las sombras que dejaste en algún indeterminado lugar. Ellas y tú son una misma presencia, un halo construido con espinas discretamente ordenadas. No requieres de razones para mantener cualquier forma de reverencia, estas ocurren como parte de convulsiones cíclicas, es el amor y el hartazgo lo que conduce hacía adelante. En medio de tu oscuridad vas postergando las explicaciones, no son necesarias, la estupidez humana es un regalo para compartir sólo entre quienes lo solicitan, en cambio el misterio no desea narrativas ni desenlaces que lo simplifiquen.
El buen gusto ajeno, te vigila, persigue tus reacciones para acumular méritos a tu favor. Ser amable no cuenta, hablar en tercera persona acaso motive a la intriga, tus pies que a cierta edad cuelgan de la silla, aprendieron a una edad iniciática qué; mentirse en público es un requisito social.

El motivo que sostiene nuestras maldiciones en su carácter de sublime, debe de poseer a alguien digno de ser odiado, las personas que salen de tu cabeza, no siempre van a resistir los rayos solares, puesto que semejan a los hongos de raíces fantasmales de cinco metros de largo y como telarañas que los venados barren con la lengua. Alucinas una tranquilidad que no mereces según tu narrativa individual, y si el optimismo de recibir limonada llena tus ojos, llega la epifanía del rechazo correspondido por manadas de lobos salidos del fracaso de sus propios cuentos.
Los dioses reparten cicatrices para recordar los defectos de fabrica, las grietas mal soldadas son el mensaje de la brevedad de nuestra existencia, las franjas de este paréntesis tatuado a martillo y con las uñas, demuestra que su dominio es el del dolor teatralizado. Les entretiene el absurdo de los planes y la avaricia de los que sueñan con la dulzura de verse reflejado en botellas de genios ocioso, sin deseos por cumplir.
La exacta temperatura de las decepciones prevalece, a la espera de ti, para llevarte de la mano mientras menea sus pies de trapeador. Las huellas no son para seres empeñados en la limpieza, su memoria que los enorgullece; reluce por su disponibilidad de espacio. Nada para encimar a los trapos que conceden identidades a los que por pura civilidad suelen continuar saludándose, a pesar de que las luces ya han sido apagadas.
La degustación entre desconocidos, resulta verdadera si uno entre ellos consulta del otro sus límites, mientras que los suyos propios adquieren el peso nebuloso de lo que evade las denominaciones. Previo a justificar lo incierto de cualquier existencia, envejecer desean pecar y concluir con disculpas frente a quiénes les producen indiferencia los suspiros.
Eres tan hermosa que los vagabundos no van a dejar de mencionarlo. La eternidad no existe, entonces será cuestión de aguardar a que se cansen y busquen nuevos temas de conversación. Su calidad para mantener memorizado los atardeceres tampoco es perfecta, así que sólo confiemos.
Las sorpresas no resultan necesarias, por buen gusto omitir el uso de estas debería de ser un rasgo de moderación para conservar el aburrimiento entre personas finas. Los sobresaltos delatan a seres ávidos de una atención para ser dispersada por influencia de lo extraño disponible y puesto en charola para consumirse. Defiende tu falta de iniciativa, tu deseo por irte a poner de pie, adelantándote a los otros, si eres el anfitrión vale comer el último bocado, en el momento en que ya nadie te mira.
Te pienso antes de creer en lo que la mirada dibuja de ti, radicas en las fluctuaciones de tus palabras y lo que el tiempo pausado describe de los límites de las muecas que intuyo hay detrás de todo lo que no dices. Algo idéntico a las historias que separa a tus historias de las que invento, atraviesa la breve idea de universo que cabe en un simple mensaje, para después esperar a ser malinterpretado durante un sueño artificial compartido.
El tiempo importa cuando comienzas a medirlo, y haces comparativos entre un instante y otro que sigue, la belleza de dejarse arrastrar por las catástrofes no anuncia su visita. Mientras tu respiración descansa la noche acude a tu interior, las mascotas imitan la costumbre para convertirla en rasgo característico de su pereza. Es así como lo sublime declina ante lo normal por vía del aburrimiento, la contemplación entonces llena de laberintos lo que antes fueron puertas de emergencia, y en las esquinas una señora vende dulces petrificados para que lo esencial permanezca en un sitio determinado por los ángeles.
Tus palabras pertenecen al publico en general, existen para intercambios de contenidos mentales, aquello que si es realmente tuyo; reside en los suspiros y la tos que inicia cuando te piden que digas lo que realmente piensas, en la mayoría de casos, no encuentras na idea especifica y de pronto le das la razón a quiénes antes habían intervenido. Esta reiteración carente de personalidad y de puntos de vista propios es lo que entiendo consigue que la amistad y ser buen vecino adquiera una forma socializada, pero lo opuesto también es necesario, así que vamos a romper algunos vidrios.
Los nuevos por lo regular son entusiastas, más si saltar sobre el abismo les fue encomendado por su consciencia, caer en la imaginación, anticipando a que suceda, acude a el umbral de sus sentidos. Tienen la fortuna que durante su estancia dentro de la sala de espera, la charla de una mujer inoportuna les describió los probables infortunios. Repentinamente al llegar su turno, tomaron de la mano a su pesimismo para ponerse de pie, y cultivar así; una oscura forma de paciencia.
Puedes perderte el día en que tus deseos caminen por pura inercia, encontraras un muro para ser evadido, y el entusiasmo de no saber que sigue dominara el sonido de tus uñas arrancando una etiqueta. No ser tú, por un momento, al menos evitar pertenecer a los pensamientos que otros hayan fabricado sobre ti. Ahora no resultan indispensables, y seguramente nunca lo hubieran sido, si tú luego de tropezar no aceptaras la primer mano que extienden los extraños automáticamente, movidos por una amabilidad carente de buenas intenciones.
Aprendo de ti,
a negar el mundo.
Conocerte un día no basta, la crónica de lo anterior a ese instante del cosmos, induce a la decepción de existir desprovisto de avisos que advirtieran que las carencias del alma, son aún más inmateriales que la exageración de darle un peso a la presencia de lo intangible. No dudo de tu realidad, la presiento y acariciar el borde en tu cara al sostener el parpadeo definitivo, será una forma de glorificación de los latidos que por el momento; prefieren platicar sobre el clima con personas a las que apenas si han memorizado.
Conocerte en silencio, tal vez sea el mejor modo de afrontar el misterio de lo inesperado, de la incertidumbre que armoniza con lo que no tiene una representación mental definida, la belleza es una forma de absoluto que rebasa las razones y lo adecuado consiste en ser un espectador paciente.
La poesía esta dicha y echa para las hormigas ociosas, para los niños del parque extraviados por sus progenitores y que descubrieron el primer instante de libertad absoluta y desean prolongarlo. La inutilidad de los amores diseñados para esperar conviertan en real los deseos, tiene sin pendiente a la poesía, ella es una señora de piernas cruzadas que conversa con un séquito de chihuahuas que no caben en su bolsa de mano, así que debe de elegir uno para hacer el papel de novio provisional, mientras uno de sus hijos verdaderos aprende a pedir caridad entre personas extrañas con el noble fin de comprar dulces nuevos.
En un principio los deseos eran dictados del capricho, el alma que suspendida por hilos deambulaba en torno a una mesa, tomo la oportunidad de convertir en casa aquella construcción debajo de las sillas. Es entonces que aprendí a acariciar tus pies mientras te platicaba en voz baja. Y el sonido de la porcelana nos interrumpía, cuando el cuento exactamente delataba que los nombres de los personajes principales era una mentira entre otras, entonces había el espacio de un silencio del todo correspondió, y un suspiro previo a retomar la historia que estaba siendo inventada justo en ese momento.
Te recorren tatuajes que cambian de lugar, son una especie de sombras internas que interfieren con la luz que te habita por completo. Sigo el deambular de sus constelaciones que describen el destino de las caricias, lo permanente son tus ojos que atestiguan las nubes y sus relámpagos avanzando sobre ti. La naturaleza te conoce y saluda a tiempo, una tormenta acude para acompañar de fondo el derrumbe del cielo sobre la pasividad de todo aquello que te refleja.
Deseo perderme en ti, sobre la seguridad de lo que postergas, a través de suspiros que significan más. Estás dónde debes y al extremo de la taza de café nocturna, el temblor de los reflejos ahondan tu mirada. No es la apariencia en lo que confías, en cambio las nubes a cierta hora resultan en falsificaciones carentes de propósito. Los sueños también acuden bajo la inutilidad de ensayos para conseguir que los perfecciones.
Desde tu extremo; te dibujan las sombras con la delicadeza de árboles que ceden a través de sus brazos y sus casi infinitas extremidades. Un vaso de cristal sostenido en el viento, por sabrá Dios que clase de capricho. Recorrer avanzando sin volver la vista, aunque las hojas terminen convirtiéndose en pedazos sobre el suelo. Todo aquello que te aleja y brinda comodidad mientras sucede, puede pasar al nivel de lo sagrado, lo poco que aún te importa no lo sera por mucho tiempo.
