Omar Ortíz

Por: Germán Laris

Las zonas color piel en las pinturas de Omar Ortíz captan a la perfección las tramas epidémicas, su flujo que varia en tonalidades y que bajo determinada atmósfera parece demasiado real. El efecto tridimensional que puede atribuirse al uso de la fotografía tiene una base dentro de la compresión de los medios pictóricos, Omar Ortíz en sus dibujos y en los procesos que registra al ejecutar sus piezas, dan una referencia de como surge el encantamiento de su obra. Las mujeres y su mirada tienen la serenidad contemplativa de quien adopta un espíritu del instante eternizado, las telas rojas que realzan los volúmenes del cuerpo al contar con gamas de tonos muy completas, inspiran una tranquilidad sublime. Del retrato a las representaciones simbólicas, a las naturalezas de objetos reproducidos minuciosamente, las horas de trabajo de Omar Ortíz vuelven efectiva la objetividad de un realismo de luces moduladas. Estos recortes de la experiencia viva obedecen a sus propias reglas estéticas, el pintor ha hecho reconocible la estremecedora cercanía de los seres que enfocan sus cuadros, recuerda a la monumentalidad cinematográfica que ubicándonos en una perspectiva distinta nos permite visualizar las texturas de las cosas cotidianas. La belleza que el autor construye como propia es una conquista de un trabajo de taller constante, de una aplicación franca de su visión sobre manos y cascaras de naranjas en espiral, que tanto en la pintura o en la matemática buscan entender la esencia de los procesos que les da forma tan concreta.

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