Por: Raúl Ramírez
De la misma forma en que un rostro
puede expresarte algo o una voz te está
expresando algo, un músculo en deter-
minado momento con determinada luz
está expresando algo.
Irma Naranjo
La distinguida, excelente, exquisita y refinada artista del grafito, línea suave y cadenciosa, juego de luz y sombra al carbón, esteta del cisco y papel, maga real albinegra: Irma Naranjo. Del barrio de Mexicaltzingo, Guadalajara, Jalisco, México, vino al mundo del Arte con el lápiz bajo el brazo y antes de aprender a hablar, supo primero ver, observar, mirar y percibir las maravillas exteriores para enriquecer su magia interior.

Irma Naranjo atravesó varias etapas en su desarrollo artístico. La primera de 1976 a 1983, incursionando en lo abstracto, lo minimalista, la Bauhaus y el TIEV; la segunda de 1984 a 1992, donde parte de lo figurativo hacia lo popular e hiperrealista; y la tercera, en la que cuaja un estilo gracias a su asimilación de los manieristas italianos, fusionando el arte popular mexicano y el surrealismo.
Si bien, al principio Irma Naranjo estuvo fuertemente influenciada por Arnold Belkin y por Javier Campos Cabello, notorio en sus tintas chinas “Sin título”, 1983, donde además evidencia un mal digerido y desproporcionado minimalismo. En esta primera etapa como que está norteada, no halla su ruta, su técnica para moverse en el Arte, como que Irma se siente fuera del contexto plástico. Pero a partir de 1984 comienza a tomar vuelo estético, deja atrás tendencias mal asimiladas[abstraccionismo, Bauhaus, minimalismo] y se pone a dibujar desde la base manierista de su lanzamiento estilístico: Goltzius, Il Parmigianino, Da Pontormo y Clerici; obteniendo un buen dominio de la perspectiva, mayor ambientación, texturas, tonos, matices, líneas finas, sensuales que destacan los fondos negros enmarcados por el contraste de trazos fuertes y destellantes como la caricia de la luna en el agua; mostrando un estilo y acabado, único y excepcional. Es así como en su última etapa, Irma Naranjo es una consumada maestra del dibujo, porque sabe que su elemento son las líneas de grafito y el aprovechamiento al máximo del entorno luminoso del papel, para expresar con libertad su personalidad intensa como músculos en tempestad o venas al borde de un ataque de luz. Irma logra hermanar en sus creaciones lo surrealista, lo hiperrealista y el arte popular mexicano, incorporando en sus composiciones albinegras: modelos autóctonos cuasifotográficos, de recios, toscos y resaltados rasgos nativos; además de incluir texturas de alebrijes en sus ranas, sapos, peces, aves y artesanías como trompos, suideos alcancía, camas de latón, bordados huicholes, milagritos, troqueles, dagas de Sayula, barajas, loterías, talabartería, chicles Canel’s, luchadores, virgencitas, angelitos, Teopitzintli, quincunce, tlaxico, máscaras, muñecas de cartón, tapetes de palma, mosaicos, mantas, flores y globos.
En cuanto a la temática que Irma Naranjo manifiesta, tenemos: anticlericalismo, desahucio, erotismo, indigencia, populismo, marginación, sadomasoquismo, soledad y misticismo.
En la obra dibujística de Naranjo aparecen aves pico de tijera, sapos lascivos, ranas asexuadas con manos de ajolote, peces fálicos, cuinos acechantes, hostiles, olisqueantes y fatalistas, chivos agoreros, perros voyeur y gallos arrogantes; además de objetos lúbricos: baldes, camas, sábanas, cortina, cubiertos, cilindro, charolas, copa, cruces evidentes y encubiertas, espigas, flores, hilos, paños, olanes, milpas, moños, puñales, peras-nalgas, platos, ojo atado a una cuerda, trompo, tina de baño, tuba, violín. Presentando también en sus imágenes contraposiciones como: beatas y exhibicionistas, gays y ninfómanas, realidad y falsedad, ceguera y claridad; ilustraciones que conforman la panorámica emotiva en los cuadros de Irma Naranjo y excitan los sentidos del espectador, motivándolo a ser partícipe en cuerpo y alma según las alas de su imaginación.
Representativo de su primera etapa es el cuadro abstracto(1) que va de Kandinsky a Redón y Pollock, donde utiliza el pastel para crear un clima delicado, equilibrado y afectivo con base en matices blancos difuminados sobre fondo mamey zanahoria cercado por rayas escalonadas en negro, amén de un verde relajante sobre la danza eufórica de los tonos encendidos; pareciera un canto del corazón pautado en colores cálidos o Edith Piaf piafando en rosa. También de esta etapa es el cuadro minimalista “Sin título”(2), acrílico sobre tela de 60×50 cm, donde arma un sencillo escenario geométrico para destacar lo natural: tres flores preciosas y una ídem mujer pensativa mostrando las piernas en semi relevé, vestida como los 20’s, atuendo cortito, falda rojiblanca y blusa albiazul; la dama morena trae gorrito con un globo; donde cruza los brazos simula con el pliegue de su falda una vagina, otra flor exótica y estimulante; este acrílico de pocos elementos demuestra una fuerza vital mediante su unidad cromática y el contraste entre lo vertical y lo espiral, líneas curvas destacando ante un paisaje tapiado, alumbrado por el blanco y un intenso azul que destaca más el verde y lo rosáceo.


Luego vemos un grabado a 4 tintas[azul, rojo, negro, marrón](3) donde contrasta la mojigata de negro con la deslumbrante piel blanca de una exhibicionista en plena entrada principal, cuyo número es el 9[posiblemente la fuerza mental, el eterno femenino, la creación], de un edificio en construcción, de ventanales clausurados con tablas y una cascada de celosías reflejando un guardia que discretamente se aproxima por la derecha, observamos una cruz roja, tal vez símbolo de lucha eterna y pasión viva; esta obra corresponde a la 2ª etapa de Irma, notándose su tendencia figurativa-populista con clara denuncia social. Vemos también como parte de la selección, un cuadro en tinto, negro y blanco: “El uno”(4), de tendencia figurativa-populista-surrealista, Irma juega con la baraja, el as de bastos, el gallo, el macho viril, la herma, el menhir de la creación original, tronco sempiterno lleno de brotes visvirindos; el gallo parece un figulino de Candelario Medrano; el basto un armaño de regarrote para asesinos y corruptos; mientras que el vigoroso brazo semidoblado es un ecorchée que reafirma lo fálico. En ambas obras Irma hace gala de su técnica mixta, pero deja patente su estilo de dibujar, combinando líneas rectas, líneas diagonales, gruesas, delgadas y suaves para meternos en una atmósfera de lotería nuestra de cada día. Irma se caracteriza en estos trabajos por su trazo en apariencia sencillo, con el cual dibuja fuertes brazos enérgicos, con las venas saliéndose de la piel, que cobran más importancia por el voluptuoso juego de luz y sombra, dosificado por el equilibrio del fondo rojo atenuado por el blanco entrecruzado del gallo, basto y hombre. Los trazos de las líneas seducen la vista, incitan a recorrer las imágenes lentamente con los ojos, como acariciando las plumas sedosas, la cresta, la buba, el pico, el ojo del pisagallinas; además de regodearse con la exquisitez de los tiernos retoños brotando del árbol universal, viril como el brazo derecho del hombre; en “El uno” apreciamos la adherencia de Irma Naranjo al arte popular mexicano, reinterpretando la baraja.


Otra característica en los dibujos de Irma, es la inclusión de personajes arrabaleros in situ, en su hábitat, mole y ambiente, como en su cuadro “Sin título”(5), de su 3ª y mejor etapa, la de su madurez como artista, donde miramos un matancero ambiguo, niño-anciano, rancherón y chaparrito vestido de manta con sombrero, quien arrastra de una pata un reacio cerdito, mientras un descamisado rufián padrote, indiferente observa una mujer desnuda que viene caminando enfrente de él; en tanto, otro malandrín riega un poste marcando territorio; claramente se remarca un cruce de calles, un cruzamiento de destinos, una subida y bajada, una colonia golpeada, la vida hoy y siempre, ahí mismo hay cinco ventanas testigos, resaltando una a la derecha en forma de tlaxico-quincunce, destaca lo blanco como purificador del puerco prieto. Presenciamos un retrato de la crisis emocional, moral, económica-política-social actual, gracias a la maestría dibujística de Irma.

En su dibujo de gran formato[70×50 cm] “La rayita”(6), hecho con lápiz y pastel sobre papel, Irma Naranjo muestra su experiencia en los trazos seguros, continuos, diagonales y alternados para crear un clima de realismo mágico; donde contrasta el ave presagiante que intenta cortar la existencia al famélico adolescente, quien lanza un trompo como su postrer suerte, de su cabeza pende un dibujo sugestivo y premonitorio. Como en anteriores dibujos, Irma resalta el relieve de la caja toráxica emergiendo de la piel, con base al buen manejo de las líneas diagonales y curvas que dan lustre a la carnación en medio del negro devorador de espacio.

En su grafito sobre papel, 50×34 cm, “Sin título[Estudio para Doña Gracia]”(7), Irma Naranjo en plena etapa madura exhibe su destreza manual y buen pulso, se pone irónica al presentar la fortuna bizca, la belleza no es como la pintan los diccionarios académicos; Doña Gracia es la estética rediviva, el otro lado del glamour, la exaltación de lo grotesco, no siempre una modelo debe ser al estilo clásico grecolatino ni mucho menos. Doña Gracia está desnuda, mutilada, de un seno y una mano, posiblemente está enmascarada porque tiene rostro achicharrado; a guisa de santa presenta un sombrero de papel que sugiere fuego, pero también un nimbo de los santos de todos los días; una dama bañándose a gusto en una tina sarrosa, de peltre, rodeada de mosaicos chilapastrosos y una desvencijada cortina de plástico con motivos futbolísticos; Doña Gracia más bien tira a Desgracia pues se nota deforme, operada, quemada, tal vez sea una sobreviviente del 22 de abril de 1992.

También de la etapa culminante de Irma, tenemos otro dibujo “Sin título”(8), donde aparece en primer plano la soledad, la inanición en todo su esplendor, una copa que sugiere senos, un perro encaramado en una puerta acechando la lujuria, la promiscuidad o el infortunio, quizá sea un epitafio, budismo zen a la mexicana o simplemente un estuve aquí pero dejé mis dibujos como huellas de mi paso en esta vida; es innegable el dominio del grafito sobre la superficie blanca para exponer un ambiente desolador con la locura soltándose los pelos en un renegrido colchón, mientras una lonjuda dama, pelona y de mirada extraviada encuentra la respuesta a su situación en la mirada del espectador.


Como colofón a la trayectoria dibujística de Irma Naranjo tenemos a la vista su carboncillo sobre papel, 104×72 cm, “Fantasma de noche”(9), donde patentiza su estado interior, su lucidez existencial, su posición ante la inflexible y rotunda despedida; un dibujo impactante donde la llama interior que se extingue ilumina el cuerpo angustiado ante un fin próximo, las manos sugieren una oración póstuma, una reverencia ante lo desconocido. Además expresa este dibujo la fragilidad y fugacidad del cuerpo, la vida capturada para siempre en las líneas tersas y firmes de Naranjo, en un alarde de dominio técnico y sensibilidad encauzada hace que venas, nervios, músculos y piel presenten una carnación implorando piedad en el espectador. Vida eterna en sus dibujos a Irma Naranjo [Gdl.1955-1999].
